La Familia

El principal aspecto que asegura la estabilidad de una familia no es un buen soporte económico, aunque sea parte necesaria para que se perpetúe. Lo que a mi parecer, confirma la consecución de esta circunstancia es la cohesión de todos sus miembros. En la mayoría de los casos se consigue construyendo a partir de una sólida base de generosidad incondicional de los principales responsables, ya sean padre, madre, tutor, abuelo o variaciones varias. Y es incondicional por la prioridad de la que dotan a los intereses ajenos frente a los suyos; y lo hacen además de forma inconsciente, convirtiendo los deseos de éstos en los propios.

No concibo una familia que no se forme así, pues de esta forma lo he respirado.

Y así, veo en Europa, la imagen mas alejada que poseo de una unidad familiar. El otro día discutía con mi tía (es bienvenido el debate en la sobremesa y no suele acabar en veto) el por qué de las decisiones de algunos dirigentes europeos. Ella defendía éstas, basándose en la búsqueda del interés nacional de cada presidente; comprensible, sensato ¿pero como pueden entonces estas decisiones ayudar a los demás países, y por tanto al conjunto de la Comunidad Europea?¿Son entonces estas personas, que buscan un beneficio propio, las apropiadas para tomar decisiones sobre circunstancias ajenas?

Si en una familia actuas pensando en tí, ¿es posible que ayudes como consecuencia a tu hermano?¿Absurdo no? Sería más lógico pensar que la búsqueda del bien colectivo acabará beneficiando a cada uno de los ciudadanos europeos individualmente. Esto era la idea inicial que justificaba la formación de la Unión Europea, basada en el libre comercio y otras condiciones similares. Cualquier otro camino anula el concepto que tenemos de ella y por tanto su sentido.

Y no digo con esto que la Unión Europea sea un error, no lo sé; lo que trascribo de mis pensamientos, es que no entiendo una Comunidad Europea que trabaje sin pensar en la Comunidad Europea.

Así, hace pocos días me escandalicé y no se trata de un eufemismo, realmente me llevé un gran susto con la intervención que se pretendía llevar a cabo en Chipre. Lo que más me asustaba era lo que ocurría a continuación de la salida a bolsa de la noticia. Los pensamientos de la gente, de nuestros políticos y los titulares de los periódicos giraban alrededor de las reacciones, de la posibilidad de que eso ocurriese en España y de la posible injusticia que se estaba cometiendo. En cambio, mi quebradero ganador al leer la noticia era, ¿pero realmente eso se puede hacer?¿No es ilegal?¿Cómo podemos evitarlo?¿No nos protege la ley?

Las respuestas a mi alrededor eran ambiguas, y pronto descubrí que la ley no se plantea en estas circunstancias.  Quienes toman las decisiones son los mismos que configuran el marco en el que encajarlas. Quienes proponen la intervención rigen el poder de “opacar” la moral y boicotear la rebeldía de nuestros maltrechos derechos. No sé cuanta injusticia puede caber en el saco de sus acciones.
Cargan los ahorros de los chipriotas con una tasa cuyo valor ahora no me importa, aunque si agradezco que sea para aquellos depósitos superiores a los 100.000 euros. Pobre el de 100.001, debió comprarse aquel chupa-chus  ¡Maldito ahorrador! Y aunque me alivie el cambio, sigo sin entender una medida que disfrazan de castigo.  La situación era conocida,  permitida y  convenida como en tantos otros países. Chipre parece ser el único paraíso del mundo. Dichosos los invitados a la cena del señor

La realidad es que la estructura económica y financiera de la isla debiera ser inadmisible; pero esto lo sabían cuando ingresó en la Unión Europea y no lo han olvidado desde entonces. ¿Por qué ahora? ¿Es esa la medida que acabara con la situación de paraíso fiscal? De pequeña quería romper un jarrón y lo tiré al suelo. Otro día solo quería simular que estaba roto y para ello lo rasgué.

Escapa a mi razón lo que sucede y me asusta lo desprotegidos que estamos. Que alguien nos ponga una manta por encima por favor.

En Europa hay algo que falla. Intervenir un país, llevar a la toma de medidas económicas con pésimos resultados como en Bulgaria, pero no permitir la libertad de fronteras me hace preguntarme si en una familia obligaríamos a un miembro a trabajar pero luego sólo estaría invitado a un té cada 15 días.

No me asustan ellos, me asusta pensar que de verdad creamos que lo más importante es sí somos lo suficientemente débiles para ser lo siguientes. Y es que entonces somos como ellos, poniendo sólo nuestro plato en la mesa por miedo a no ser servidos

Que aproveche.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Tópicos. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s