“Los Goya. Discurso.”

 

Gracias. Estoy muy contenta de estar aquí con vosotros. Llevo sin poder dormir desde hace días, siempre me había imaginado lo que se siente; y así, tal y como pensaba, es indescriptible.

Espero que perdonéis y disculpéis el vestido que llevo; a mí me encanta,  me hace sentir bien, pero ha sido llegar aquí y no poder evitar esa sensación de estar de más, poderoso sentimiento.

Llevo escuchándoos un rato, admirando vuestros discursos, vuestras reivindicativas palabras. Me alegra que voces tan fuertes se pronuncien tan alto; cuanto menos, es alentador. Sin embargo, cuanto más os oigo desde este precioso atril, en el que sólo simbólicamente me hallo, más lejos os siento. ¿Habéis hablado de mí, de la gente que conozco? Lo siento, si ha sido así, no os he escuchado.  Haciendo alarde del egoísmo que rebosa en los pasillos de algunos palacios, os robaré los siguientes minutos para contaros mi historia. Es demasiado familiar y seguramente, carente del aplauso final que os dedicáis después de cada intervención.

Mis padres, Pedro y Lola, son los seres más maravillosos que he tenido el gusto de conocer. He recibido litros de aprendizaje de ellos. Ser más generosos ni más pacientes resultaría imposible para cualquier ser humano. Pero si algo han sido estas dos personas, es valientes. Comenzaron un negocio juntos con las deudas que les dejó un intento anterior. Valientes. Se arriesgaron, trabajaron, lucharon y nos tuvieron en ese camino de esperanza a mis hermanos y a mí. En ambas  tareas, de trabajo e inversión y en la educación de sus hijos, pusieron alma y tiempo. Pagaron la educación de sus descendientes e impulsaron sus esfuerzos y sueños a los logros de ellos, que agradecidos se empachaban de cariño. Valientes. Ahora, años después y justo cuando llegaban al final, la vida les trae cajas vacías, años perdidos, inversiones tiradas, sueños rotos. La crisis. Supongo que sabréis lo que es, puesto que os veo hablar de ella continuamente. Sabréis por supuesto, lo que es ver como surgen en vuestro padre surcos de preocupaciones en el rostro, ya envejecido,  afrontar con dignidad situaciones muy alejadas de los esperado, perder poco a poco todo aquello por lo que ha estado luchando durante años. Ver como se desvanece su seguridad. Sigues siendo valiente querido.

Sin embargo, tengo el orgullo de decir que he seguido viendo lecciones de bondad y valentía en sus acciones; en el mantenimiento a contracorriente de sus trabajadores, en la renuncia a nuestras costumbres, en las sonrisas caseras, en las bromas cotidianas de una situación poco esperada y en el convencimiento de que la herencia dejada a sus hijos algún día daría sus frutos. Éstos no pueden estar más asustados ni más cansados tempranamente, con una formación que sigue prolongándose ante la ausencia de oportunidades ¿Sabéis a lo que me refiero, no? Quizás lo sabéis, pero no os oigo hablar de mí.

Miro vuestros esmóquines, vuestra maravillosa fiesta, vuestros preciosos vestidos y no os oigo hablar de mí aunque decís hacerlo. Vosotros lucháis, Pedro y Lola también lo hacen, en un negocio cuya ruina les dejaría totalmente indefensos. No os oigo hablar de ellos, de esos pequeños inversores que se arriesgan, que involucran a gente, que crean proyectos diferentes a los vuestros, que contribuyen a este país y que cuando pierden, no tienen una red sobre la que sostenerse. Yo también lucho, ellos han invertido todo lo que tenían en mi formación; yo a cambio toda mi ilusión, tiempo y esfuerzo en corresponderlos y al final, aquí estoy, la persona más idealista del mundo cargada de un escepticismo que quiebra. No habláis de mí aunque decís hacerlo.

A mi padre no lo ha arruinado un partido en el que os parezca mal que hayan confiado millones de personas que se merecen un respeto por su ingenuidad, por su confianza o por sus creencias, llamadlo como sanamente queráis. A mis padres los arruinó una crisis que empezó en EEUU, que se extendió como la pólvora y que nos afectó hasta ahogarnos debido a una estructura económica tremendamente débil. El gobierno que presidia entonces, del señor zapatero y del equipo que ahora permanece en la oposición, no hizo sino agravar una situación que se ha vuelto insoportable; no solo por una mala gestión y una torpeza innatas, que también, sino por la cadena de favores y la corrupción que ahora recriminan con descaro al actual gobierno. Ahora llegan estos políticos, que forman el PP, y que nos inundan de recortes y de palabras extranjeras, que de verdad me esfuerzo por comprender, pero que quizás deba seguir formándome en hacerlo con una nueva inversión, esta vez de paciencia. No puedo, la renovación es tan necesaria que su ausencia causa una risa tan nerviosa como temporal. Y me alegra que lo digáis, porque han convertido una situación inaguantable en surrealismo, sabéis de lo que hablo; aquí sí.

Pero me resultan dirigidas vuestras críticas, en esta encorsetada gala, dios, ¡parecéis estar tan lejos! Y he aquí la demagogia de la que hacéis uso con dolorosas consecuencias en este enclenque cuerpo. Me duele porque amo la cultura y me nutro de ella.

Bendita y necesaria autocrítica. Pedro paga un canon del que no os he oído hablar; paga por unas subvenciones y no me refiero al cine, de sindicatos y partidos que a veces acompañáis de las que no os oigo hablar; existe una corrupción generalizada y ya tangible, que afecta sobremanera a los dos grandes partidos y que amenaza con conceptualizarse; paga las necesidades y vicios de Cajas propiedad de partidos,sindicatos y empresas; aguanta los privilegios de las grandes empresas y ve cómo también los ciudadanos buscan escondrijos. Nadie le apoya a él, nadie me apoya a mí. No sé si todos los qué gritáis aquí utilizáis sanidad privada, colegios privados, grandiosas casas y billetes de primera clase, si es así 1olé! Seguramente quien lo tenga, lo merezca. No me gusta criticar  a quién no conozco y cuya situación no he vivido. Pero por favor, soltad vuestros discursos que cargan el ambiente de mi hogar; ya voy abriendo yo la ventana si eso. Sé que no es así en la mayoría de los casos, que no todos lucís carísimos trajes, que en algunos casos es circunstancial y que en otros envueltos en ellos, mantenéis la mesura en vuestras licencias. Ay, me aborrece la demagogia.

Comulgad con los que decís entender, haced productos rentables, la cultura no es un derecho que nos pertenece;  ya nada lo es, nos sale caro. ¿IVA? ¿Intermediarios? ¿Ganancias y subvenciones mal dirigidas? ¿Productos mal pensados? Desde luego estoy en contra de la subida del IVA y de los recortes en sanidad y educación, no entiendo la avalancha de intermediarios en la mayoría de las industrias incluyendo la estatal,veo subvenciones necesarias mal dirigidas y poco controladas continuamente y ¿productos mal pensados? Por todas partes, es normal. Lo que no necesitamos son más carnavales, ya tenemos bastante con los recaudadores disfrazados de linternas. En realidad, digo todo esto y no conozco la solución, me encanta ir al cine pero no siempre puedo; al igual que no puedo comprarme los muebles que mi habitación pide a gritos, ni el vestido que vi el otro día en un escaparate, ni los zapatos que mi madre necesita. Esos empresarios también lo lamentarán. ¿Cultura? La cultura es tan importante como la felicidad individual y colectiva. Luchemos por ello. Rentabilizad y hacer rentable. Pedro debe pensar en hacerlo todos los días, una familia depende de él.

 

Gracias

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Tópicos y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s